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A bote pronto

Obsesión por el toque

La pretemporada del Zaragoza está siendo redonda, tiene forma de balón. Las mancuernas y familiares ocupan un lugar secundario en los planes de Víctor Fernández. La pelota viene gobernando los días y ayer monopolizó la sesión matutina: rondos, partidillos en espacios reducidos con porterías diminutas, partidillos a menos de mediocampo (cuatro contra cuatro) y partidos a tres cuartos de campo (ocho contra ocho). Tamaño creciente pero mismo protagonista. Dictadura del balón, obsesión por el toque.

No resulta nuevo en Víctor este interés, pero el técnico parece más empeñado que nunca en maximizar las cualidades creativas de sus jugadores. “Tenemos un equipo muy técnico”, resumía tras la goleada al Boltaña. Sí. Se enorgullece y lo proclama, consciente de lo que se trae entre manos. Víctor escudriña a diario sus apuntes sobre el césped, reparte petos y exige intenciones. La ambición reside en “buscar la excelencia” jugando al fútbol, frase indeleble de la temporada pasada. Para soplar viento de cara en ese viaje han llegado Gabi y Matuzalem, centrocampistas finos para combinar y generosos para profundizar.

Tocar y moverse, intercambiar espacios y roles, mirar y pensar, juego fácil y fluido... Todas los ejercicios que Víctor despliega en el tapete verde reúnen esas características. “Eso es, buena jugada a dos toques, me gusta”, grita en uno de los partidillos de cinco contra cinco para celebrar un gol global. Víctor exige y premia, los jugadores sudan y sonríen.

La obsesión por el toque alcanzó su cenit en los partidillos de ocho contra ocho que culminaron la sesión. Regla: combinar cinco veces en campo propio antes de mirar a la portería contraria. Víctor contaba los toques con la garganta fuerte. “Uno, dos, tres, cuatro, cinco... ¡Ya! Ahora buscamos el gol”, animaba. D’Alessandro se agitaba en el equipo rojo, Gabi y Generelo impulsaban al azul, y Longás, Celades y Matu tocaban el mismo son en el verde.

El gol, el final de todos los caminos. A la espera de que Aimar y Diego regresen para enfocar la presa y cazarla, los demás velan linternas y armas. Andy y Matu ya deslumbran y se presentan como terribles aliados de Pablito, magia triplicada para la mediapunta. Mientras que Sergio García y Oliveira tiran sus balas. García sopló su fusil varias veces y Oli atronó con su cañón. El toque no es capricho, es camino al gol.

AS, 28 de julio de 2007

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