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A bote pronto

Edredón de estrellas

Edredón de estrellas

El Zaragoza mostró un perfil distinto en el Calderón, con más oficio y menos música. En un partido con fases propicias al bostezo, sacó petróleo Óscar con un gol que acuesta a los de Víctor felices y arropados en un lecho de Champions

La flor de Víctor. Aterrizó en La Romareda antes del verano desbordado por la emoción, sin poder hablar. Pidió un receso, tragó saliva y soltó anhelos y objetivos. “Europa” comenzó a resonar por la ciudad, sin miedo al fracaso o a la gloria que pudiera perder. Y, mira, ocho jornadas solamente con un equipo sometido a un lifting importante... ¡y en Champions! Venciendo en el Calderón sin jugar bonito, sin Aimar, sin forzar la máquina... De algún modo, si no muy, a lo Capello. Con seriedad y solvencia, pero sin encender las luces. Medio agazapados y tal, que arriba vamos sobrados y alguna clavaremos. Los hechos lo corroboran. Un 0-1 algo triste, sin la música discotequera del habitual Zaragoza de Víctor. Pero triunfo y Champions, como para quejarse... Un amigo dice que lo triste no es ganar uno a cero, lo triste es perder uno a cero. Filosofía llana, sin dobleces.

Del abrazo al fango. El prólogo del partido nos dejó la feliz diapositiva de un abrazo sonriente: Galletti y Gabi Milito. Silbó el colegiado y adiós muy buenas, se apagó el estado del bienestar. La cámara principal apenas giraba el cuello, todo sucedía en el tercio central del campo. Mucho toque, mucho refrote, algún golpe desmedido y pocas llegadas. “Estamos viendo muchos rostros pero ninguno de alegría”, retrataba Robinson con su habitual perspicacia mediada la primera parte. Galletti se esmeraba en destartalar a Juanfran (a quien no se hubiera echado de menos, por cierto) y Gabi forzaba su garganta e hinchaba su venas ante un par de embestidas rojiblancas. El Zaragoza no probó a Leo Franco en toda la primera parte, quién me lo iba a decir... que se escucha hasta en la sopa. Mucho fango y poca música.

Tuercas y rizos de oro. En pretemporada, en el país de los tulipanes, Víctor plasmó un deseo disfrazado de opinión: “creo que pueden ser la mejor pareja de centrales de la Liga”. Se refería a Sergio y Milito, quienes acababan de jugar su primer partido juntos. Pues, chico, no parece que fuese demasiado pretencioso en el pronóstico. Porque el Tuercas (apodo al que responde en el vestuario) y el Mariscal mejoran cada día, creciéndose en partidos de mayor compromiso. Como ayer, una pareja de oro. Se merendaron a Torres y compañía, casi literalmente (véase la imagen). Y si además César tiene uno de esos días donde la perfección se le acerca, lógico no encajar.

Aplausos para Lafi... La nota sorprendente en la alineación fue Lafita. La ausencia de Aimar generaba una congoja mayúscula, un vacío infinito, un rol indescifrable para ningún otro. Óscar no anda muy iluminado últimamente y Víctor pensó en dar la oportunidad a Lafita, que siempre señala su preferencia por jugar en la banda. Y respondió con brío, kilómetros y convicción para el desborde. Aprovechó la oportunidad, sí. Lafi se merece unos aplausos.
                  
...y el grito de Óscar. Entró al final como por obligación, como si existiera una deuda con él. En teoría, es el suplente natural (el primer suplente, diríamos) de Aimar y D’Alessandro, pero no estuvo fino, sino todo áspero, frente al Betis y el Hércules. Así que Víctor lo sentó junto a él. Hasta que en los últimos minutos salió para saldar cuentas consigo mismo, con las críticas recibidas y demás. Gritó el gol furioso, soltando la rabia acumulada. Un grito que selló el triunfo, acostó la jornada y arropó al Zaragoza entre estrellas. Las del edredón de la Champions. Felices y largos sueños.

AS, 30 de octubre de 2006

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