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A bote pronto

Artes varias

Volver a no entender

Volver a no entender Hace unos días, Almodóvar y la fiebre que desata con cada película que inventa han vuelto a primera plana. Una vez más, con Volver en este caso, me sorprende este fenómeno. No el director en sí, sino la estela mediática de halagos que inspira. Cautiva por doquier a actores, aficionados, críticos... Y yo, poco entusiasta del cine por el cine, díscolo de las reglas marcadas por la cartelera y, en suma, desentendido de parámetros críticos, avizoro admirado. Me he acercado dos o tres veces a producciones de Almodóvar en intentos en vano por descubrir esa pasión que genera. Me resulta un tipo peculiar, cachondo, irredento a denuncias de viejos cánones impositivos. Me cae bien, en definitiva. Sin embargo, no entiendo el extremo éxito de su cine. ¿Por qué? No sabría concretar exactamente. Podría decir por que el argumento no me atrapa, necesito esforzarme ante la pantalla. No me divierte, ni siquiera me entretiene. No sé, será mi falta de cultura cinéfila.
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