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A bote pronto

Una mirada nostálgica

No hace ni un año que los tiempos de tipómetro y apuntes desordenados, cafetería de humo y eco, césped soleado y ebrio, botellones y exámenes... todo se sucedía sin solución de continuidad, todo bajo una desordenada serenidad o un orden muy dinámico, todo supervisado por una felicidad retroalimentada entre compañeros y, sin embargo, amigos. Ese gran premio que no pierde valor con el paso de las días ni con los kilómetros de por medio. Gotea nexos de unión a diario, resulta irremediable en la distancia. Pierdes diálogos y anécdotas, pero el sentimiento sigue ahí presente y latente.

La nostalgia me invade cuando recuerdo aquellos maravillosos días que no volverán, pero de los cuales no puedo arrepentirme. Días que exprimí y paladeé sin esfuerzo, noches que disfruté rodeado de alcohol y amigos. Tiempos añorados por momentos, tiempos de felicidad despreocupada. Tiempos en los que sueñas con deslizar tu pluma en un gran periódico, en balbucear a través de las ondas... Pero cuando el maravilloso mundo del periodismo te ha absorvido inexorablemente en su vertiente profesional, alejándote por completo y para siempre de aquellos radiantes momentos de facultad, no puedes evitar recordar con un quizá inexplicable cariño aquellos muros cenizos más propios del búnker berlinés de los suicidios.

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1 comentario

Belén y Laia -

Hola Jorgito!solo decirte que al leer una mirada nostálgica nos has absorvido inexorablemente en tu vertiente profesional!muy bien Jorgito,sigue asi!ah!y que esto no sirva de precedente,jeje ;p.
Besitos desdes barna.
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