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01/06/2006
El autismo de Ronaldinho

Jorge Valdano fue anoche el invitado especial en Una Noche Mundial de La Sexta. El futbolista más virguero con las palabras (que yo conozca) acompañó en el programa al Patxi Alonso y a dos invitados habituales, Jorge Cappa y John Carlin. El cuarteto debió debatir y desmenuzar una alargada recua de actualidades mundialistas. Pero yo llegué ya cerca del epílogo, el cual quiero rescatar. Pasadas las dos de la mañana, Raúl apareció como epicentro del debate.
Valdano y Cappa no pueden considerarse precisamente sospechosos de 'antirraulismo'. Pues bien. Cappa aludió a la falta de hambre futbolística de Raúl, a la pérdida de aquella luz en sus ojos que deslumbraba años atrás, a ese brillo natural que ahora derrochan otros como Ronaldinho. Valdano recogió el testigo como si Cappa le hubiese robado el pensamiento por telekinesis. Y ahondó en el asunto. Raúl, desde su condición de capitán y símbolo del Madrid, se preocupa demasiado en abarcar circunstancias que trascienden a su responsabilidad. Que si hay empleados del club descontentos porque Victoria Beckham no les firma un autógrafo, que si Ronaldo se ha enfadado porque Cassano le ha robado el almuerzo, que si el hijo de Roberto Carlos le ha pegado en el recreo al de Guti... Evidentemente, estos ejemplos están caricaturizados, pero vienen a resumir los expuestos por Valdano, quien enfocó al "autista Ronaldinho" como el ejemplo de ese futbolista que se ha esfumado en Raúl. Ronaldinho va a entrenar y sólo piensa en disfrutar jugando durante el entrenamiento. Después, se va a su casa y sólo piensa en el próximo partido. En su mente cabe exclusivamente fútbol, nada más. Éste es el esquema de Valdano sobre la esencia del fútbol. A veces redundante y frondoso en su retórica, pero asiduo al análisis correcto (desde mi punto de vista, claro). En este caso, el análisis de la esencia del fútbol, representada en el autismo de Ronaldinho.
Nota: la imagen de Ronaldinho en un entrenamiento de Brasil haciendo maravillosamente el 'mongol' con la pelota, una mezcla entre un beso y un malabarismo al estilo de las focas circenses, es un meridiano síntoma de su pasión por el fútbol en sí mismo, como arte, disfrute y alegría.
14/06/2006
La pomposa diestra de Platini se hace filosofía

"El Barça es la mejor forma de hacer publicidad del fútbol de ataque y espectacular, dándole además consistencia en defensa e inteligencia en el mediocampo. 'Jogo bonito' pero a la vez equilibrio, como ir desde Brasil a Holanda pasando por Argentina".
Michel Platini, en una entrevista concedida al Mundo Deportivo, piropea al Barça con este asombroso análisis. La serena y natural pomposidad de su bota derecha se transforma en una cuidada filosofía. El remate geográfico-futbolístico... simplemente, 'chapeau'.
21/06/2006
El orgasmo del gol

Impregnado por el aroma de Mundial que nos inunda estos días, me he puesto a recordar maravillosos momentos de fútbol que adornan mi memoria. Algunos, escenas en primera persona de mi infancia y no tan infancia. Pero sobre todo se me han abalanzado a la retina muchos capítulos indelebles de la historia futbolística. Me puede resultar aventurado concretar cuál fue el primer instante que retengo en mi retrovisor particular sin necesidad de replay. Debe ser aquel misil lanzado por el empeine exterior de un holandés típico, rubio y vestido de orange, en el añejo Wembley. Y, acto seguido, Cruyff saltando el vallado publicitario con gallina de piel no sin apuros. Primero, una pierna. Luego, la otra. Mirada perdida. Montonera de cuerpos naranjas. El episodio de la celebración lo rememoro gracias al vídeo, porque cuando el balón alcanzó las redes me convertí súbitamente en un muelle sobre un viejo sofá granate. Por cierto, ¿qué habrá sido de él? Le tuve cariño, desde aquella noche. Mi primer orgasmo. Sí.
Y digo esto porque también se me ha hecho presente en esta noche de flashback una encrucijada verbal que me planteó una amiga hace más de cinco años. Una tarde de césped universitario y lección al sol me expuso el siguiente dilema: Si tuvieras que elegir cómo morir, ¿preferirías hacerlo en el fragor de un orgasmo o en un accidente de coche a más de 250 km/h? La base del problema, según ella, radicaba en la pasión innata del hombre tanto por el sexo como por la velocidad. En esta madrugada de insomnio he llegado a la conclusión de que ninguna de ambas es la elección adecuada, sino que hay una respuesta soterrada que es la correcta: la pasión futbolística. Morir de gol.
Morir siendo Maradona en el Azteca tras aniñar a una fila de ingleses, tras estallar millones de gargantas, tras inspirar a Víctor Hugo Morales la narración de las narraciones. Morir siendo Koeman en Wembley tras evitar una barrera infinita y rescatar así al barcelonismo del desierto. Morir siendo un red devil tras voltear al Bayern en el Camp Nou en el último suspiro. Morir siendo Eto'o o Belletti en París, Galletti en Montjuïc, Zidane en Glasgow. Siendo Ghiggia en Maracaná o Kempes en El Monumental. O siendo yo mismo en La Romareda tras hincar Ewerthon el sexto al Madrid. Morir de gozo rabioso y arrebatado, de orgasmo en forma de gol.
Nota: Sin duda, esa celebración de los goles mezclando alegría y furia con la que yo me identifico plenamente está perfectamente representada por los argentinos. Como Maradona comiéndose una cámara en Estados Unidos 94' tras transformar ante Grecia, como Cambiasso hace unos días en Alemania tras culminar un gol global ante Serbia.
De 10 a 10: pasión por el regate

D’Alessandro aportará el desequilibrio de Savio, pero con diferencias
Un primer y somero vistazo a las figuras futbolísticas de Savio y D’Alessandro arroja meridianas similitudes. Anatomía poco generosa en músculo y altura, rostro aniñado. Zurda gustosa, acciones geniales. Y, sobre todo, una pasión especial por el regate. No obstante, buceando en su estilo de juego se pueden extraer notables diferencias. Su demarcación debe servir como definición de uno y otro. Savio siempre fue un delantero, si bien se le acomodó a la medular en España. Su fútbol lleva la esencia del punta brasileño: el individualismo. Un amante del regate como instrumento de verticalidad hacia el marco rival. Un finalizador arrancando desde el puesto de extremo.
D’Alessandro posee cualidades que les hacen distantes. Siendo un jugador rápido, no posee la punta de velocidad que permitía a Savio lanzarse en slaloms vertiginosos entre las líneas enemigas. El objetivo de su regate no es hallar al fin el gol, sino el regate en sí mismo. Se trata de un gambeteador en esencia, prolijo a embobar a público y marcadores. Su habilidad individual va aderezada por una importante capacidad para la asociación. El Cabezón, un mediapunta a todas luces, tiene algunos síntomas de organizador que le hacen bastante más dado al juego colectivo que Savio. Y su capacidad de sacrificio ha crecido sorprendentemente en su etapa en la Premier, donde pegado a la cal ha ganado recorrido. Sin olvidarse, por supuesto, de la gambeta.
AS, 19 de junio de 2006
